miércoles, 2 de septiembre de 2009

Los pasados héroes Xeneizes, en Boca del presente


Parece ser que los éxitos en la entidad de La Ribera no son tales si no hay algún histórico de aquel plantel del año 2000, en el que el Boca de Bianchi se quedó con todo. Casi una década después, los Xeneizes desafían a la naturaleza y recurren a sus viejas glorias para sumar más estrellas en su escudo. ¿Se mantendrá la racha ganadora?

Oscar Córdoba; Hugo Ibarra, Jorge Bermúdez, Walter Samuel (o Aníbal Matellán) y Rodolfo Arruabarrena; Sebastián Battaglia (alternaba con Diego Cagna, hoy DT de Tigre), Mauricio Serna, José Basualdo y Juan Román Riquelme; Guillermo Barros Schelotto y Martín Palermo. Esta era la inviolable formación que Carlos Bianchi puso en la historia del fútbol argentino, sudamericano y mundial.

Eran aquellos tiempos en los que las vueltas olímpicas eran una costumbre en el barrio de La Boca y que, cimentadas en estos nombres, recorrieron el mundo entero, desde la mismísima Bombonera, hasta el Estadio Nacional de Tokio (Japón), donde el gigante Real Madrid se desmoronó ante el Virreynato de Bianchi y compañía.

La formación salía de memoria. Pero, algún día, aquella columna vertebral, íntegramente formada por nombres colombianos (Córdoba, Bermúdez y Serna), tuvo que descender del barco. Así, Boca perdía tres nombres claves en su esquema, aunque siguió festejando.
Arruabarrena se subió a un "submarino amarillo", de nombre "Villareal", destino que imitaron Cagna, Palermo y Riquelme, aunque los últimos tres pegaron la vuelta. En tanto, Battaglia y el Negro Ibarra también partieron al viejo continente con hambre de triunfo, pero las cosas del fútbol los trajeron de vuelta a un "Boca renovado" en el que la juventud y la experiencia se mixarían para soñar con más vueltas, copas y estrellas.

Así, con sus regresos ya consumados, Ibarra, Battaglia, Riquelme y Palermo, más el incansable Pato Abbondanzieri (arquero suplente del Boca versión 2000), encararon la difícil misión de reeditar aquellas conquistas en las que ya habían escrito su nombre con tinta de oro

Y lo lograron. Copas Sudamericanas, Recopas y uno que otro torneo local se sumaron a las vitrinas Xeneizes. Y, claro está, con el 50% de los mismos nombres.

Tras leer esta pequeña reseña histórica, la pregunta que surge es: ¿Los pasados héroes Xeneizes son irremplazables en la búsqueda de nuevos pergaminos? ¿Son Interminables? ¿O acaso la cantera de La Boca aún no está preparada para suplantarlos?

Las respuestas a estos interrogantes las otorgará el tiempo que, empecinado en su tesudez, por ahora no quiere dar el brazo a torcer y sólo acepta a los Ibarras, a los Palermos, a los Riquelmes y a los Battaglias, como capitanes de barcos inundados de sed de gloria.

Está demostrado. Si no hay un histórico, en Boca no hay campeonato que no valga. En algún momento, tal como le ocurrió a aquella "columna vertebral colombiana", el tiempo dirá que los viejos han quedado en el pasado y que los nuevos serán los actores principales de una película que, necesariamente y por historia, requerirá de más trofeos levantados.

A no dormirse Boca, porque el reloj apremia y, con él, los años desgastan los huesos de los héroes del pasado que por ahora, y sólo por ahora, están en Boca del presente.

martes, 16 de junio de 2009

Traje triste

Las manos en el volante, firmes, no saben de un destino concreto. Por inercia, nuestro protagonista conduce sin saber dónde ir. Sabe que tiene que llegar hasta el final, pero ignora el cómo.


A lo largo del camino, sus Goodyear han pasado por sobre diversas superficies. Muchas de ellas son recuerdos increíbles, donde el paisaje se dejaba ver y transmitía una sensación parecida a la felicidad eterna. Pero -según dicen los que saben- "la felicidad es un estado de ánimo, esfímero, fugaz". Por eso hay que disfrutarlo. Y así lo hizo él: a cada metro sonriente, él ofrecía un guiño cómplice, amigo y nostálgico, porque sabía que ése ratito de felicidad pronto terminaría. Lo bueno de todo esto es que nuestro protagonista siempre tuvo la decisión de cuál estado de ánimo lucir para el día de la fecha.


Una vez, un bondy frío de Flecha Bus lo llevó a la que llaman la "Gran Ciudad". Allí todo va rápido. Él, atónito, se dedicaba a mirar, pero muy poco podía entender. La velocidad de los hechos eran demasiado para este tucumano que ama los días de sol, fresquitos, en su otoñal Jardín de la República natal.


Edificios, semáforos, autos por doquier, luces, carteles publicitarios y mucha pero mucha gente lo rodeba. Él miraba. Pasó dos días aclimatándose para lo que sería "el momento de su vida". Logró acostumbrarse y, cuando llegó el día -"su día"-, todo lo aprendido hasta ése momento se perdió.


Vio una mole de cemento azul y amarillo y se quebró. Lágrimas de felicidad invadieron sus ojos y uno de sus compañeros de ruta le ofreció su mano para tranquilizarlo.


Fue -sin lugar a dudas- el momento súblime. Todo lo superó. Miles de escalones ante sus ojos llenaron sus vidriosos ojos. Como un niño, lloró sin poder entender lo que sucedía. Todo lo que la historia Xeneize había escrito en esa verde alfombra se pasó ante su mirada. Seguía llorando. Era felicidad.


De la "Gran Ciudad" regresó al norte. "Otra vez, volver a la realidad", pensó. Y sí, en algún momento los sueños ya cumplidos quedan atrás y es hora de seguir trabajando. Trabajar para mejorar su calidad de vida, ésa por la que camina sin saber dónde va.


Llegó a su querido Tucumán y lo que había sido un "rato corto feliz", de vez en cuando -cuando él lo decide-, se convierte en un "rato corto triste". Corre por el Parque 9 de Julio viendo los postes de luz pasar y sin entender cuál es su misión en la vida. Continúa, piensa, aminora la marcha, sonríe por algun grato recuerdo con la niña que conoció hace apenas unas semanas, mueca de alegría y a seguir acelerando se dijo.


"Cuando corrés -dice- es inevitable no recordar todo, lo bueno y lo malo". Hoy eligió recordar lo malo, para entender qué debe mejorar para seguir al trotecito. Encuentra miles de errores y de actos equivocados, pero ya nada puede hacer para volver el tiempo atrás. Porque, como su trote, la vida continúa delante de sus pies y los malos momentos son recuerdos que él prefiere recordar.


Hay tristeza. Piensa de nuevo en esa petiza que le arrancó más de una sonrisa y la velocidad de sus pies se incrementa aún más. Está cansado, pero debe seguir. Bien o mal, el trayecto continúa y, como alguna canción reza, "no importa llegar, importa el camino".


Sigue sostenido del volante. Pensando va. Al "tun tún" pasa los "ratos cortos tristes" y, de la misma manera, los "ratos cortos felices" atraviesan su vida.


Terminó de escribir y sigue sin encontrar la respuesta. Al menos, sabe que él tiene la decisión de qué estado de ánimo lucir el día de la fecha. Hoy eligió el traje triste. No le queda muy bien, pero es lo que quiere usar.

viernes, 15 de mayo de 2009

Sólo cuatro minutos

No sé bien cuál es la idea de este texto. Estoy escribiendo por escribir. Bah!, eso creo.
Recién, estando en la PC, al dope, pensaba en mucho pero en nada. Entonces, apareció mi vieja con dos fotos, una en cada mano.

Se acercaba sonriendo. Había vuelto al pasado, se le notaba. Era indudable.

"¡Mirá lo que encontré!", me dijo. Esperando esos segundos previos a que se acercara, yo intentaba imaginar a qué se refirirían esos "papeles del recuerdo".

¡Qué sorpresa! Volví tres años atrás y me vi en un escenario, haciendo lo que más me gusta y lo que más disfruté en mi vida. No te das una idea los recuerdos que volvieron. Ensayos, botas, sombreros, guitarras, bombos, viajes, esfuerzos y tantas otras cosas que tuve que pasar para estar parado en ese rompecabezas hecho de maderas.

Me encantaría poder describir con exactitud lo que se siente minutos antes de subir a escena. No me sale. No encuentro el cómo, la forma, el modo de hacer que entiendas, que te pongas en mis botas y subas a escenario para sentir lo que yo.

Hoy, hoy estoy tratando de volver, pero no sabés cómo cuesta. Pero tampoco te das una idea lo que vale la pena.

Es un desahogo, una pausa en la vida, cuatro minutos en donde soy yo y el malambo. Nadie más.
Son cuatro minutos en los que trato, repique tras repique, mostrarle a mi público el amor por esos golpes acompasados que son mucho más que eso.

Sinceramente, no sé si todo esto estará bien escrito. No sé si habrá coherencia entre párrafo. Simplemente me dejo llevar por lo que se me pasa por la cabeza y el corazón. Es lo que se conoce con el nombre de "improvisación", palabra muy utilizada en el gauchesco malambo.

Este sábado, 16 de mayo, si Dios quiere volveré a estar sobre ese escenario. Hace unos días me preguntaba: "¿cómo me sentiré cuando suba?". La verdad que ni idea, pero haber visto esas fotos me hicieron volver a sentir ese cosquilleo increíble que se siente segundos antes que el locutor del festival, con su voz, me abra el camino para que, en cuatro minutos, ése escenario vuelva a ser mío. Sólo mío.

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NOTA: Perdón si hay algún error de redacción o lo que fuese. No me permití releer lo escrito. Escribí lo que me salió. Sólo quería compartirlo con alguien. Gracias!

viernes, 6 de marzo de 2009

La bandera no se mancha


La PC ya estaba apagada, pero tuve que volver a encenderla. Son las 1.52 y estoy acá, tratando de explicarles un sentimiento hermoso que me invadió mientras veía la tele y que se llama "ser argentino".

En "Gol de medianoche" -un programa de TyC Sports- estuvo El Más Grande: Diego Armando Maradona. Podrá ser discutido, odiado, difamado, etc., etc., etc., pero lo que jamás se le podrá discutir es su amor por nuestros colores.

En la despedida de la entrevista, quedé inconscientemente perdido en la pantalla chica. Las palabras del Diez me hicieron dar el mismo escalofríos que cualquier argentino siente al escuchar a Víctor Hugo Morales, en el tremendo golazo a los ingleses.

"No hay argentino que no quiere que le vaya bien a la Selección", dijo Diego. Y no, equivocado no está. Si cuando se acerca el mundial, los no sé cuantos de millones nos hacemos uno. Nos saludamos en las calles, reímos con complicidad cuando vemos algo Celeste y Blanco, gritamos el afamado "vamos, vamos, Argentina" por doquier, y quién sabe cuántas otras "locuras mundialísticas"... Y así, miles de ejemplos que no hacen sentir el cosquilleo hermoso de "ser argentino".

Hoy, Viernes 6 de Marzo, me voy a dormir con una sensación increíble que, ojalá, pudiéramos tener a diario para sacar este país adelante. Esa sensación que se llama "ser argentino" y que Maradona sabe transmitir muy bien.

El fútbol, porqué no, podría ser un buen pretexto para unirnos y, aunque estemos en desacuerdo con el Diez en muchas cosas, creo -y esto es una simple apreciación personal- que deberíamos imitar un poco su amor por nuestra bandera; ésa que él defendió hasta sobre un tobillo.

No soy un "maradoniano" enfermo, pero sí tengo que reconocer que sus palabras sobre nuestro bendito país son música para mis oídos.

¡La bandera no se mancha! ¡Vamos Argentina!

miércoles, 4 de marzo de 2009

El mejor amigo del hombre

"Pobre perro". ¿Quién no lo habrá dicho, no? Ese cuadrúpedo, casi siempre con una mirada tierna, supo ganarse, con el paso del tiempo, el cariño de su amo.

Salir a correr pese a la fiaca, acompañarlo en cada siesta y mirarlo comer con la lengua larga afuera, son algunas de las pruebas que tuvo que pasar la raza canina para recibir del hombre el tilde de: "mejor amigo".

A diario se dicen muchas cosas de ellos. Los halagos por su eterna fidelidad son muchos y de diversa índole, pero me pregunto: "¿el hombre corresponde esa fidelidad?".

Si me apurás, te diría que no. ¿Por qué? Una sola palabra voy a usar para argumentar mi respuesta: "celular".

¿O me vas a negar que más de una vez pasaste horas jugando con el "boom" de los mensajitos? ¿O a caso nunca te fuiste a dormir con "la nueva pantalla chica" bajo la almohada? ¿En cuántas ocasiones te volviste a tu casa porque te lo olvidaste sobre la mesita de luz? Tanto nos preocupa este aparatito que casi lo sentimos como una extensión de nuestras manos.

¿Te acordás cuando te quedaste sin batería y tirarste mil puteadas al aire por no haberlo cargado? ¿Te pusiste a contar la cantidad de celulares a los que trastaste como "amigos"? Algunos de nombre Nokia, otros llamados Motorola, o algún que otro Sony Ericcson...

"Pobre perro". Pese a no necesitar ser reabastecido de energía, se quedó solo. "Pobre perro". Él siempre fiel a su ÚNICO amo, tuvo que ver cómo nos divertimos con una viborita insaciable que no deja de comer.

"Pobre perro". Pese a eso, sigue ahí, mirándote mientras vos te cagás de risa de los "ladridos" del celular que suenan con la canción que vos quieras. Pese a eso, sigue ahí, sentado, esperando por una caricia. De esas que un celular no sabe ni siente. Ni hablar de los lengüetazos babosos que te hicieron dar ese "asquito lindo".

Pese a todo esto, el "pobre perro" sigue ahí. Calmo, sereno, incansable optimista de amistad.

Ahora pregunto: ¿quién es el mejor amigo del hombre?

Yo ya me decidí:

lunes, 2 de febrero de 2009

A llorar a la iglesia

Salió a la cancha con su mejor pilcha. La camiseta por dentro del pantalón, la cinta de capitán y el pelo mojado, estilo Redondo.
El estadio era un mundo de gente. Todos esperaban por una obra épica de su autoría. Saludo fair-play y mirada fija en sus rivales. Manos estrechadas con ellos, uno a uno, fue pasando y acercándose hacia el pitazo inicial.

Cuando el refe puso la pelota sobre el círculo central, agachó la cabeza, tiró un rezo cortito, persignada y a jugar. ¡Ah!, me olvidaba: antes, había mirado el arco rival. Su objetivo; el de todo goleador. Allí estaba la gloria.

Volvió a acomodarse la camiseta por dentro del pantalón, y fue entonces cuando puso en juego todo lo que le quedaba. Poco o mucho, todo lo que llevaba dentro.

Desde el minuto uno, el gol le presumió, como una joven secundaria lo hace el primer día de clases. Así fue pasando el tiempo. Cada vez más cerca estaba. El palo derecho dos veces, el travesaño una, un gol anulado por el lain-man y un offside, le negaron el gol.

Tan cerca estaba que, pese a tan mala suerte, mantenía el típico optimismo de gol. Era como aquel enamorado que recurre a cualquier argumento para conquistar a su amada. Y ésa amada, la pelota, parecía muy feliz con él. Sí, otra vez la comparación me lleva a aquella enamorada que sonríe cuando está con su amado. Y él, obvio, estaba feliz cuando la tenía. Pese al "no gol", él seguía intentándolo. Era cuestión de tiempo. Y era su último partido. Quería despedirse a lo grande. Pero... Seguía errando.
Hasta que llegó el minuto 93. Un amague, seguido de un autopase, lo dejó solo frente al arco. El arquero salió y él definió a lo grande. Como pasaba en "Supercampeones", la milésima de segudos se hicieron horas. Aquel abrazo con el que soñó se estaba haciendo realidad centímetro a centímetro. La red estaba más cerca...
Pero más cerca estuvo el palo que le pusieron ahí. Sí, como dice Alejandro Fabri, "alguien le puso ese palo ahí" y también un freno a su ilusión. "El beso de su amada" (o la que al menos creía su amada) no fue tal. Se agarró la cabeza, estrujó su lacio pelo entre sus manos y lloró por tan magra despedida.

Era un niño que había perdido todo. Lo poco que tenía, lo perdió en esa desafortunada jugada que, otra vez, le hizo recordar a aquel amor que lo desvelaba.

Para colmo, lo sacan y, segundos después, se cumple la odiada ley que dice "goles que no se hacen en el arco del frente, se sufren en el propio". ¿Resultado final? 0 - 1. Despedida para el olvido. Gol jamás convertido. Y amor nunca alcanzado.

A llorar a la iglesia.

viernes, 23 de enero de 2009

¿Cómo es?


Este post va para mi querida diseñadora Lucilita.
Resulta que la voz de la señorita en cuestión me hizo dudar. Sí, no sé qué hacer con esa chica.
Tranqui, no toy hablando de amor ni nada de esas giladas.
Pasa que la Lu, upiti como ninguna, se puso a "psicoanalizar" mi blog y no tuvo mejor idea que bardearme el título.
"Che, ¿de dónde sacaste el nombre de tu blog?", me preguntó vía msn. "De Tonto y Re Tonto", respondí. Lo admito, me tiró un par de flores respecto al diseño y toda esa historia, pero me dejó clavada esa espina dubitativa: ¿"Exhala lo malo, aspira lo bueno" o "Aspira lo bueno, exhala lo malo"?
Por eso, y para cumplir con los objetivos de este espacio cibernético, es que pongo en consideración de mis lectores (pocos o muchos) esta gilada de cuestión que necesito resolver. (je!)
Gratificaré comentarios con un buen porrón.
Desde ya grax! Besos a todos y un gran salute para el que me regaló unos minutitos de su vista.

lunes, 12 de enero de 2009

Kooliar; volví a hacerlo...


...Y así, todo terminó con una cerveza en la mano y más que satisfecho.
Al toque, resaqueado y algo mareado todavía, me puse a pensar lo vivido. Lo había vuelto a hacer. Sí, después de años, volví a sentir el placer que provoca estar en lo más profundo de su caluroso interior. Incomparable.

Entrar fue complicado. Éramos varios los que pugnábamos por ese lugar privilegiado. A mi cansancio se le acumulaba una tromba de celos por ver cómo tantos otros se hacían acreedores de ése momento único antes que yo; y lo peor, de la manera más impune que jamás había visto.
Todo valía. Nadie era amigo de nadie. Es que claro, todos apuntaban al mismo objetivo: entrarle.
De a poquito fui llegando. Me acercaba. Ya lo olía. Ese aroma tan atrapante volvía a mis fosas nasales. "¡Qué leeendo!", pensaba.

Pasa que ahí dentro me esperaba la lujuria, ésa que tantas veces me hizo perder. Aquella sensación experimentada a mis escasos 16 años, volvía a empaparme. Esa noche -sí, a los 16, de aquel lejano 2002- fue mi debut. Quizás para algunos sea demasiada prematura, pero para la mayoría -te lo aseguro-, el 16 presuponía expertos a varios en la cuestión.
Así, con todos esos recuerdos en mi cabeza y con una gran cola delante mío, logré penetrar lo que denominé "la puerta del placer".

Se me oscureció la vista, provocando una seguera momentánea. Las piernas se me aflojaron, pero no podía -ni debía- quedarme quieto. Tenía que satisfacer los requerimientos de la noche. Entonces, la pelvis tuvo que comenzar a trabajar. De aquí para allá, de un lado al otro, en forma circular y de atrás para delante, eran los movimientos que me devolvieron al pensamiento que había rondado mi cien minutos antes: "¡Qué leeendo!".

La noche seguía y pedía más. No podía detenerme. "Zarpado", pensarán algunos. Lo que sea. Ésa era mi noche. Tenía que hacerlo muy bien para poder dormir tranquilo y, sobre todo, satisfecho.
Mis dos secuases estaban fuera de onda. Pagaron, pero no lo aprovecharon. Un desperdicio. Y bue... ellos lo hacen seguido. En cambio yo, muy de vez en cuando siento lo que ellos a diario.
Los miraba y era como que no les producía nada. Acompañaban el movimiento femenino, pero con menos intensidad que yo. "¿Te copaste, vieja?", preguntaban. "Obvio. Esto es único", respondí rápido.

A todo esto, el Frizzé surtió el efecto previsto, llevándome a un estado de clímax increíble. "¡Sí, ya sos mía!", gozaba. Pero no me conformaba. Quería más.
Al són de la XXI, cantaba: "otra vez, el mismo calor". "Se tá quemando", decían Pablo, Lucho y Yutiel. Y yo me quemaba. "¡Qué calor de la puta madre!". Pero todo valía la pena. Había que darle hasta que llegue "la hora del judío".

Y le dí nomás. Sin asco. De tal forma que, al acabar, las piernas no me respondían. Tuve que sentarme, mirar a mi alrededor y ver cómo todos salían transpirados -mucho menos que yo- buscando un after para seguir con los movimientos pélvicos.

Pero yo no daba más. Con uno, bien completo, me bastó. Fue un extenso "programa musical" -así le dicen mis abuelos- que acabó con mis fuerzas. Una tristeza, ¿no? Quizás, pero lo mejor de todo es que quedé satisfecho.

Lo que a mis 16 era el "Cielo", el boliche más groso de La Banda, a mis 22 se llamaba "Kool". Por eso, "Kooliar" es lo que me llevó otra vez a aquel "Cielo" de placer, lujuria y momentos de festividad que jamás olvidaré.

Aquellas paredes celestes y blancas, que me vieron debutar como bailarín de cumbias y cuartetos en una noche de boliche, volvieron a ver cómo me moví toda la noche, como si fuera la última.

"Cielo Disco". Hoy, con otro nombre, volvió a despertar esa lujuria conocida hace ya varios años y que me hizo transpirar más de una camisa. ¡Qué tiempos aquellos! ", pensé al acostarme.
... Y así, todo terminó con una cerveza en la mano y más que satisfecho.

domingo, 4 de enero de 2009

Pensar, sentir... ¡No decir!


E aquí una nota que escribí post San Martín - Boca, a fines de noviembre 08. La había publicado en el blog de una amiga (www.gabibaigorri.blogspot.com), pero ahora reclamo el "derecho de autoría" (je!). Comienza el viaje. Espero me acompañen. Welcome!!!
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No me pidás que te hable de tácticas, posiciones, jugadas preparadas, ni nada de esa onda. Estoy acá para contarte un sueño de un amigo hecho realidad. Una utopía, anhelo o como quieras llamarlo.


Ocurrió un inolvidable 23 de Noviembre de 2008. Ese domingo había arrancado como todos. Pero no iba a ser como todos. Tipo 12, después de una larga noche en un boliche nuevo para él, el muchacho despertó. Ducha, almuerzo en lo de la abu y de vuelta a casa. Preparó la improvisada y también camuflada agenda periodística, celular con radio, remerita roja y blanca -para chamuyar a algún que otro Santo- y a La Ciudadela se dijo.

La credencial que le permitiría ser testigo de “el gran duelo” -así lo titularon los medios tucumanos- esperaba por él a una cuadra del Fortín. Y él a ella, cual novio aguarda por su amada en el altar. Es que era el pase a su felicidad. Era un simple plástico pintado de rojiblanco que, en ese momento, se convirtió en el pedazo de papel plastificado de mayor valor en el mundo. Por eso no dudó en correr para colgársela en el cuello.

Tras la efímera maratón de una cuadra, el muchacho infló el pecho para dejar mudo al gendarme que actuaba de portero: “Prensa, viejo”. El “Graciaaas” posterior a la primera supervisión sirvió para adornar la terrible gambeta con la que dejó atrás al uniformado. A partir de ahí, ya con la frente bien en alto, encaró rumbo al lugarcito que, parecía, le habían reservado en calidad de “exclusivo”.

No habrá tenido más de 50 centímetros ese pedazo de La Ciudadela en el que sentó su ilusión y eterno silencio. Nada de cabinas con monitores, micrófonos ni auriculares. A su alrededor, una marea blanca y roja que invadió sus ojos lo hizo sentir más extraño que nunca, pese a ser un asiduo al templo de Bolívar y Pellegrini. A su izquierda, muy cerca, estaba “La 12”, un montón de “inadaptados” -como suelen ser reconocidos- que le dan calor y color a las tribunas del fútbol argentino.

Desde que llegaron, los capos Xeneizes plantaron bandera en terreno ajeno y se convirtieron en los principales actores de la tarde. Obvio que los locales no se quedaron atrás: humo, fuegos artificiales, una bandera gigante y mucho, pero mucho griterío. A todo esto, nuestro protagonista seguía mudo, perplejo, impresionado por lo que tenía ante sus ojos y que jamás imaginó ver.

Junto con el pitazo inicial, llegó para quedarse un grupo de muchachos (con cierto aroma a resaca) que, por falta de espacio, tuvieron que sentarse en el cálido cemento para ver a su Santo querido. Allí deliraron con el penal atajado por Gutiérrez. Allí sufrieron el gol de Viatri, escupieron a dos bosteros que se habían metido en el corazón de la platea local, se desgargantaron con el golazo de otro planeta de Saavedra y putearon a más no poder tras la tijera de Figueroa. Nuestro actor, obvio, muzarella. Nada. Silenzio Stampa. Ni para uno, ni para otro bando. Sólo un par de muecas para despistar al enemigo… La procesión iba por dentro.

“Pierde Tigre”, le dijo un sms. La radio se lo confirmó: 2-0 para el Pincha. También vía sms se puso en contacto con el responsable de su sentimiento: “¡es increíble esto, Pa!”. Dos minutos más tarde, aquel cincuentón, también Bostero, respondió: “Disfrutalo”.

¿Cómo no disfrutar tamaña fiesta? Si hasta casi se le pianta una lágrima por lo que veía; por aquello que sentía y no podía expresar. Despeinado por los continuos mechoneos propios del nerviosismo, el muchacho acusaba un gran dolor de pantorrillas. “Sentarseee”, decían. Y él pensaba: “¿Cómo querés que me siente? Si no veo un carajo”. Pero no, ¡ojo! A no bardear, porque ya fueron dos los que ligaron por hacerse los machitos.

Y así la tuvo que ir piloteando. Sospechó de varias caras que vio. “No todos tienen la camiseta del Santo”, pensó. Tranquilamente, más de uno se podría haber quedado con el Martín Fierro a la Mejor Actuación. Al igual que él, que sólo pensaba y nada decía.

Para colmo, la fiesta azul y oro, de la cual siempre quiso ser partícipe, estaba a pleno. Bombos, platillos, brazos muy bien acompasados y más de una avalancha era la escena que no podía dejar de mirar. Mientras, claro, seguía pensando: “taaan cerca, pero taaan lejos”.

“Otra, otra vuelta, Boca”, cantaba La 12. Y él no quería otra vuelta. O sea… la Olímpica sí que la quería, como siempre. Pero no quería, ni quiere, que otra vuelta le pase lo mismo. Porque estar fingiendo algo que no se siente es un bajón. ¿O acaso está bueno abrazarse con alguien a quien no se ama? ¿Le van a decir a él que lo resista una vez más? Quizás lo haga. Quizás no. Es muy probable que sí. Pero pensar, sentir y no decir, es horrible. Él me lo dijo. Esperó llegar a “La Bombonerita” -su pequeño bunker de sólo 4 por 4 metros- para dejar de pensar y sentir sin hablar. Por eso, con la cabeza en la almohada y la mirada en el techo, se dedicó a relatarme lo que vivió para que yo lo plasmara con estas teclas. Abrió su corazón y recordó cada segundo vivido en ese lugarcito exclusivo que le habían reservado.

Seguramente obvié varios fragmentos de la historia que me contó. Fueron tantas las cosas que me confesó que creo haberle fallado. Pero puedo estar tranquilo, porque en algo ayudé. Logró contar algo de lo que sintió, de lo que siente y de lo que seguirá sintiendo. Ahora, La 12 se volvió a alejar de su mirada por quien sabe cuánto tiempo. Lo cierto es que dejó de ser un sueño para convertirse en realidad, y una vez, aunque sea por dentro, logró cantar junto a la hinchada con la que comparte un gran amor: Boca.

¡Ah!, otra cosa: “Está muy bueno pensar y sentir. Pero mucho más bueno es poder decirlo”, me dijo. Y lo entiendo. Él, a su manera, pudo decirlo. Quizás un poco tarde, pero lo dijo. Por eso duerme tranquilo. Al igual que yo. Que pude ayudarlo para que él pueda seguir cantando: “Otra, otra vuelta, Boca”.

Mi primera vez


Y diay!!!
¿Cómo tamos, gente? Welcome!!!
Este es un sitio creado by Roque Dupuy (osea... yo) en el que comentaré todas aquellas cosas que veo, siento o huelo y que por ahí no puedo decirlas, por uno u otro motivo.

Ojalá sea de su agrado y les confieso que, aunque parezca una boludez, esto es todo un desafío para mí. Espero poder "atraparlos" (quak!!!) con mis delirios y que se sientan a gusto cada vez que me visiten.
Demás está decir que seré un agradecido si alaban, comentan, bardean, insultan y/o critican mis escritos. De eso se trata.
Espero verlos seguido por acá ¡¡¡Ahi se ven!!!