viernes, 23 de enero de 2009

¿Cómo es?


Este post va para mi querida diseñadora Lucilita.
Resulta que la voz de la señorita en cuestión me hizo dudar. Sí, no sé qué hacer con esa chica.
Tranqui, no toy hablando de amor ni nada de esas giladas.
Pasa que la Lu, upiti como ninguna, se puso a "psicoanalizar" mi blog y no tuvo mejor idea que bardearme el título.
"Che, ¿de dónde sacaste el nombre de tu blog?", me preguntó vía msn. "De Tonto y Re Tonto", respondí. Lo admito, me tiró un par de flores respecto al diseño y toda esa historia, pero me dejó clavada esa espina dubitativa: ¿"Exhala lo malo, aspira lo bueno" o "Aspira lo bueno, exhala lo malo"?
Por eso, y para cumplir con los objetivos de este espacio cibernético, es que pongo en consideración de mis lectores (pocos o muchos) esta gilada de cuestión que necesito resolver. (je!)
Gratificaré comentarios con un buen porrón.
Desde ya grax! Besos a todos y un gran salute para el que me regaló unos minutitos de su vista.

lunes, 12 de enero de 2009

Kooliar; volví a hacerlo...


...Y así, todo terminó con una cerveza en la mano y más que satisfecho.
Al toque, resaqueado y algo mareado todavía, me puse a pensar lo vivido. Lo había vuelto a hacer. Sí, después de años, volví a sentir el placer que provoca estar en lo más profundo de su caluroso interior. Incomparable.

Entrar fue complicado. Éramos varios los que pugnábamos por ese lugar privilegiado. A mi cansancio se le acumulaba una tromba de celos por ver cómo tantos otros se hacían acreedores de ése momento único antes que yo; y lo peor, de la manera más impune que jamás había visto.
Todo valía. Nadie era amigo de nadie. Es que claro, todos apuntaban al mismo objetivo: entrarle.
De a poquito fui llegando. Me acercaba. Ya lo olía. Ese aroma tan atrapante volvía a mis fosas nasales. "¡Qué leeendo!", pensaba.

Pasa que ahí dentro me esperaba la lujuria, ésa que tantas veces me hizo perder. Aquella sensación experimentada a mis escasos 16 años, volvía a empaparme. Esa noche -sí, a los 16, de aquel lejano 2002- fue mi debut. Quizás para algunos sea demasiada prematura, pero para la mayoría -te lo aseguro-, el 16 presuponía expertos a varios en la cuestión.
Así, con todos esos recuerdos en mi cabeza y con una gran cola delante mío, logré penetrar lo que denominé "la puerta del placer".

Se me oscureció la vista, provocando una seguera momentánea. Las piernas se me aflojaron, pero no podía -ni debía- quedarme quieto. Tenía que satisfacer los requerimientos de la noche. Entonces, la pelvis tuvo que comenzar a trabajar. De aquí para allá, de un lado al otro, en forma circular y de atrás para delante, eran los movimientos que me devolvieron al pensamiento que había rondado mi cien minutos antes: "¡Qué leeendo!".

La noche seguía y pedía más. No podía detenerme. "Zarpado", pensarán algunos. Lo que sea. Ésa era mi noche. Tenía que hacerlo muy bien para poder dormir tranquilo y, sobre todo, satisfecho.
Mis dos secuases estaban fuera de onda. Pagaron, pero no lo aprovecharon. Un desperdicio. Y bue... ellos lo hacen seguido. En cambio yo, muy de vez en cuando siento lo que ellos a diario.
Los miraba y era como que no les producía nada. Acompañaban el movimiento femenino, pero con menos intensidad que yo. "¿Te copaste, vieja?", preguntaban. "Obvio. Esto es único", respondí rápido.

A todo esto, el Frizzé surtió el efecto previsto, llevándome a un estado de clímax increíble. "¡Sí, ya sos mía!", gozaba. Pero no me conformaba. Quería más.
Al són de la XXI, cantaba: "otra vez, el mismo calor". "Se tá quemando", decían Pablo, Lucho y Yutiel. Y yo me quemaba. "¡Qué calor de la puta madre!". Pero todo valía la pena. Había que darle hasta que llegue "la hora del judío".

Y le dí nomás. Sin asco. De tal forma que, al acabar, las piernas no me respondían. Tuve que sentarme, mirar a mi alrededor y ver cómo todos salían transpirados -mucho menos que yo- buscando un after para seguir con los movimientos pélvicos.

Pero yo no daba más. Con uno, bien completo, me bastó. Fue un extenso "programa musical" -así le dicen mis abuelos- que acabó con mis fuerzas. Una tristeza, ¿no? Quizás, pero lo mejor de todo es que quedé satisfecho.

Lo que a mis 16 era el "Cielo", el boliche más groso de La Banda, a mis 22 se llamaba "Kool". Por eso, "Kooliar" es lo que me llevó otra vez a aquel "Cielo" de placer, lujuria y momentos de festividad que jamás olvidaré.

Aquellas paredes celestes y blancas, que me vieron debutar como bailarín de cumbias y cuartetos en una noche de boliche, volvieron a ver cómo me moví toda la noche, como si fuera la última.

"Cielo Disco". Hoy, con otro nombre, volvió a despertar esa lujuria conocida hace ya varios años y que me hizo transpirar más de una camisa. ¡Qué tiempos aquellos! ", pensé al acostarme.
... Y así, todo terminó con una cerveza en la mano y más que satisfecho.

domingo, 4 de enero de 2009

Pensar, sentir... ¡No decir!


E aquí una nota que escribí post San Martín - Boca, a fines de noviembre 08. La había publicado en el blog de una amiga (www.gabibaigorri.blogspot.com), pero ahora reclamo el "derecho de autoría" (je!). Comienza el viaje. Espero me acompañen. Welcome!!!
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No me pidás que te hable de tácticas, posiciones, jugadas preparadas, ni nada de esa onda. Estoy acá para contarte un sueño de un amigo hecho realidad. Una utopía, anhelo o como quieras llamarlo.


Ocurrió un inolvidable 23 de Noviembre de 2008. Ese domingo había arrancado como todos. Pero no iba a ser como todos. Tipo 12, después de una larga noche en un boliche nuevo para él, el muchacho despertó. Ducha, almuerzo en lo de la abu y de vuelta a casa. Preparó la improvisada y también camuflada agenda periodística, celular con radio, remerita roja y blanca -para chamuyar a algún que otro Santo- y a La Ciudadela se dijo.

La credencial que le permitiría ser testigo de “el gran duelo” -así lo titularon los medios tucumanos- esperaba por él a una cuadra del Fortín. Y él a ella, cual novio aguarda por su amada en el altar. Es que era el pase a su felicidad. Era un simple plástico pintado de rojiblanco que, en ese momento, se convirtió en el pedazo de papel plastificado de mayor valor en el mundo. Por eso no dudó en correr para colgársela en el cuello.

Tras la efímera maratón de una cuadra, el muchacho infló el pecho para dejar mudo al gendarme que actuaba de portero: “Prensa, viejo”. El “Graciaaas” posterior a la primera supervisión sirvió para adornar la terrible gambeta con la que dejó atrás al uniformado. A partir de ahí, ya con la frente bien en alto, encaró rumbo al lugarcito que, parecía, le habían reservado en calidad de “exclusivo”.

No habrá tenido más de 50 centímetros ese pedazo de La Ciudadela en el que sentó su ilusión y eterno silencio. Nada de cabinas con monitores, micrófonos ni auriculares. A su alrededor, una marea blanca y roja que invadió sus ojos lo hizo sentir más extraño que nunca, pese a ser un asiduo al templo de Bolívar y Pellegrini. A su izquierda, muy cerca, estaba “La 12”, un montón de “inadaptados” -como suelen ser reconocidos- que le dan calor y color a las tribunas del fútbol argentino.

Desde que llegaron, los capos Xeneizes plantaron bandera en terreno ajeno y se convirtieron en los principales actores de la tarde. Obvio que los locales no se quedaron atrás: humo, fuegos artificiales, una bandera gigante y mucho, pero mucho griterío. A todo esto, nuestro protagonista seguía mudo, perplejo, impresionado por lo que tenía ante sus ojos y que jamás imaginó ver.

Junto con el pitazo inicial, llegó para quedarse un grupo de muchachos (con cierto aroma a resaca) que, por falta de espacio, tuvieron que sentarse en el cálido cemento para ver a su Santo querido. Allí deliraron con el penal atajado por Gutiérrez. Allí sufrieron el gol de Viatri, escupieron a dos bosteros que se habían metido en el corazón de la platea local, se desgargantaron con el golazo de otro planeta de Saavedra y putearon a más no poder tras la tijera de Figueroa. Nuestro actor, obvio, muzarella. Nada. Silenzio Stampa. Ni para uno, ni para otro bando. Sólo un par de muecas para despistar al enemigo… La procesión iba por dentro.

“Pierde Tigre”, le dijo un sms. La radio se lo confirmó: 2-0 para el Pincha. También vía sms se puso en contacto con el responsable de su sentimiento: “¡es increíble esto, Pa!”. Dos minutos más tarde, aquel cincuentón, también Bostero, respondió: “Disfrutalo”.

¿Cómo no disfrutar tamaña fiesta? Si hasta casi se le pianta una lágrima por lo que veía; por aquello que sentía y no podía expresar. Despeinado por los continuos mechoneos propios del nerviosismo, el muchacho acusaba un gran dolor de pantorrillas. “Sentarseee”, decían. Y él pensaba: “¿Cómo querés que me siente? Si no veo un carajo”. Pero no, ¡ojo! A no bardear, porque ya fueron dos los que ligaron por hacerse los machitos.

Y así la tuvo que ir piloteando. Sospechó de varias caras que vio. “No todos tienen la camiseta del Santo”, pensó. Tranquilamente, más de uno se podría haber quedado con el Martín Fierro a la Mejor Actuación. Al igual que él, que sólo pensaba y nada decía.

Para colmo, la fiesta azul y oro, de la cual siempre quiso ser partícipe, estaba a pleno. Bombos, platillos, brazos muy bien acompasados y más de una avalancha era la escena que no podía dejar de mirar. Mientras, claro, seguía pensando: “taaan cerca, pero taaan lejos”.

“Otra, otra vuelta, Boca”, cantaba La 12. Y él no quería otra vuelta. O sea… la Olímpica sí que la quería, como siempre. Pero no quería, ni quiere, que otra vuelta le pase lo mismo. Porque estar fingiendo algo que no se siente es un bajón. ¿O acaso está bueno abrazarse con alguien a quien no se ama? ¿Le van a decir a él que lo resista una vez más? Quizás lo haga. Quizás no. Es muy probable que sí. Pero pensar, sentir y no decir, es horrible. Él me lo dijo. Esperó llegar a “La Bombonerita” -su pequeño bunker de sólo 4 por 4 metros- para dejar de pensar y sentir sin hablar. Por eso, con la cabeza en la almohada y la mirada en el techo, se dedicó a relatarme lo que vivió para que yo lo plasmara con estas teclas. Abrió su corazón y recordó cada segundo vivido en ese lugarcito exclusivo que le habían reservado.

Seguramente obvié varios fragmentos de la historia que me contó. Fueron tantas las cosas que me confesó que creo haberle fallado. Pero puedo estar tranquilo, porque en algo ayudé. Logró contar algo de lo que sintió, de lo que siente y de lo que seguirá sintiendo. Ahora, La 12 se volvió a alejar de su mirada por quien sabe cuánto tiempo. Lo cierto es que dejó de ser un sueño para convertirse en realidad, y una vez, aunque sea por dentro, logró cantar junto a la hinchada con la que comparte un gran amor: Boca.

¡Ah!, otra cosa: “Está muy bueno pensar y sentir. Pero mucho más bueno es poder decirlo”, me dijo. Y lo entiendo. Él, a su manera, pudo decirlo. Quizás un poco tarde, pero lo dijo. Por eso duerme tranquilo. Al igual que yo. Que pude ayudarlo para que él pueda seguir cantando: “Otra, otra vuelta, Boca”.

Mi primera vez


Y diay!!!
¿Cómo tamos, gente? Welcome!!!
Este es un sitio creado by Roque Dupuy (osea... yo) en el que comentaré todas aquellas cosas que veo, siento o huelo y que por ahí no puedo decirlas, por uno u otro motivo.

Ojalá sea de su agrado y les confieso que, aunque parezca una boludez, esto es todo un desafío para mí. Espero poder "atraparlos" (quak!!!) con mis delirios y que se sientan a gusto cada vez que me visiten.
Demás está decir que seré un agradecido si alaban, comentan, bardean, insultan y/o critican mis escritos. De eso se trata.
Espero verlos seguido por acá ¡¡¡Ahi se ven!!!