domingo, 4 de enero de 2009

Pensar, sentir... ¡No decir!


E aquí una nota que escribí post San Martín - Boca, a fines de noviembre 08. La había publicado en el blog de una amiga (www.gabibaigorri.blogspot.com), pero ahora reclamo el "derecho de autoría" (je!). Comienza el viaje. Espero me acompañen. Welcome!!!
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No me pidás que te hable de tácticas, posiciones, jugadas preparadas, ni nada de esa onda. Estoy acá para contarte un sueño de un amigo hecho realidad. Una utopía, anhelo o como quieras llamarlo.


Ocurrió un inolvidable 23 de Noviembre de 2008. Ese domingo había arrancado como todos. Pero no iba a ser como todos. Tipo 12, después de una larga noche en un boliche nuevo para él, el muchacho despertó. Ducha, almuerzo en lo de la abu y de vuelta a casa. Preparó la improvisada y también camuflada agenda periodística, celular con radio, remerita roja y blanca -para chamuyar a algún que otro Santo- y a La Ciudadela se dijo.

La credencial que le permitiría ser testigo de “el gran duelo” -así lo titularon los medios tucumanos- esperaba por él a una cuadra del Fortín. Y él a ella, cual novio aguarda por su amada en el altar. Es que era el pase a su felicidad. Era un simple plástico pintado de rojiblanco que, en ese momento, se convirtió en el pedazo de papel plastificado de mayor valor en el mundo. Por eso no dudó en correr para colgársela en el cuello.

Tras la efímera maratón de una cuadra, el muchacho infló el pecho para dejar mudo al gendarme que actuaba de portero: “Prensa, viejo”. El “Graciaaas” posterior a la primera supervisión sirvió para adornar la terrible gambeta con la que dejó atrás al uniformado. A partir de ahí, ya con la frente bien en alto, encaró rumbo al lugarcito que, parecía, le habían reservado en calidad de “exclusivo”.

No habrá tenido más de 50 centímetros ese pedazo de La Ciudadela en el que sentó su ilusión y eterno silencio. Nada de cabinas con monitores, micrófonos ni auriculares. A su alrededor, una marea blanca y roja que invadió sus ojos lo hizo sentir más extraño que nunca, pese a ser un asiduo al templo de Bolívar y Pellegrini. A su izquierda, muy cerca, estaba “La 12”, un montón de “inadaptados” -como suelen ser reconocidos- que le dan calor y color a las tribunas del fútbol argentino.

Desde que llegaron, los capos Xeneizes plantaron bandera en terreno ajeno y se convirtieron en los principales actores de la tarde. Obvio que los locales no se quedaron atrás: humo, fuegos artificiales, una bandera gigante y mucho, pero mucho griterío. A todo esto, nuestro protagonista seguía mudo, perplejo, impresionado por lo que tenía ante sus ojos y que jamás imaginó ver.

Junto con el pitazo inicial, llegó para quedarse un grupo de muchachos (con cierto aroma a resaca) que, por falta de espacio, tuvieron que sentarse en el cálido cemento para ver a su Santo querido. Allí deliraron con el penal atajado por Gutiérrez. Allí sufrieron el gol de Viatri, escupieron a dos bosteros que se habían metido en el corazón de la platea local, se desgargantaron con el golazo de otro planeta de Saavedra y putearon a más no poder tras la tijera de Figueroa. Nuestro actor, obvio, muzarella. Nada. Silenzio Stampa. Ni para uno, ni para otro bando. Sólo un par de muecas para despistar al enemigo… La procesión iba por dentro.

“Pierde Tigre”, le dijo un sms. La radio se lo confirmó: 2-0 para el Pincha. También vía sms se puso en contacto con el responsable de su sentimiento: “¡es increíble esto, Pa!”. Dos minutos más tarde, aquel cincuentón, también Bostero, respondió: “Disfrutalo”.

¿Cómo no disfrutar tamaña fiesta? Si hasta casi se le pianta una lágrima por lo que veía; por aquello que sentía y no podía expresar. Despeinado por los continuos mechoneos propios del nerviosismo, el muchacho acusaba un gran dolor de pantorrillas. “Sentarseee”, decían. Y él pensaba: “¿Cómo querés que me siente? Si no veo un carajo”. Pero no, ¡ojo! A no bardear, porque ya fueron dos los que ligaron por hacerse los machitos.

Y así la tuvo que ir piloteando. Sospechó de varias caras que vio. “No todos tienen la camiseta del Santo”, pensó. Tranquilamente, más de uno se podría haber quedado con el Martín Fierro a la Mejor Actuación. Al igual que él, que sólo pensaba y nada decía.

Para colmo, la fiesta azul y oro, de la cual siempre quiso ser partícipe, estaba a pleno. Bombos, platillos, brazos muy bien acompasados y más de una avalancha era la escena que no podía dejar de mirar. Mientras, claro, seguía pensando: “taaan cerca, pero taaan lejos”.

“Otra, otra vuelta, Boca”, cantaba La 12. Y él no quería otra vuelta. O sea… la Olímpica sí que la quería, como siempre. Pero no quería, ni quiere, que otra vuelta le pase lo mismo. Porque estar fingiendo algo que no se siente es un bajón. ¿O acaso está bueno abrazarse con alguien a quien no se ama? ¿Le van a decir a él que lo resista una vez más? Quizás lo haga. Quizás no. Es muy probable que sí. Pero pensar, sentir y no decir, es horrible. Él me lo dijo. Esperó llegar a “La Bombonerita” -su pequeño bunker de sólo 4 por 4 metros- para dejar de pensar y sentir sin hablar. Por eso, con la cabeza en la almohada y la mirada en el techo, se dedicó a relatarme lo que vivió para que yo lo plasmara con estas teclas. Abrió su corazón y recordó cada segundo vivido en ese lugarcito exclusivo que le habían reservado.

Seguramente obvié varios fragmentos de la historia que me contó. Fueron tantas las cosas que me confesó que creo haberle fallado. Pero puedo estar tranquilo, porque en algo ayudé. Logró contar algo de lo que sintió, de lo que siente y de lo que seguirá sintiendo. Ahora, La 12 se volvió a alejar de su mirada por quien sabe cuánto tiempo. Lo cierto es que dejó de ser un sueño para convertirse en realidad, y una vez, aunque sea por dentro, logró cantar junto a la hinchada con la que comparte un gran amor: Boca.

¡Ah!, otra cosa: “Está muy bueno pensar y sentir. Pero mucho más bueno es poder decirlo”, me dijo. Y lo entiendo. Él, a su manera, pudo decirlo. Quizás un poco tarde, pero lo dijo. Por eso duerme tranquilo. Al igual que yo. Que pude ayudarlo para que él pueda seguir cantando: “Otra, otra vuelta, Boca”.

4 comentarios:

Natalia dijo...

La verdad, no pense que te expreses asi, sos bueno escribiendo, me gusto mucho hay frases muy ciertas por ahi, te felicito espero q sigas con esto que con el tiempo te va a beneficiar mucho, esta bueno lo que haces por que te vas a ir superando solo, y eso esta bueno. Hasta otro momento

Lucila dijo...

sii lo leí cuando lo publico gaby!..interesante interesante!
ya hablamos sobre el titulo de tu blog asi que eso no voy a comentar =P...lo que si quiero comentar es con respecto a las "Frases célebres":
"Un gol es el orgasmo de un futbolista"
como un solo es un orgasmo para Angus Young!! mira algun video y vas a ver de que hablo!...ese tipo es TRE MEN DO!

nada mas..cuando lei eso me acorde y es inevitable no mencionarlo!
un beso grande! que siga muy bien esto

Anónimo dijo...

hola querido roqueeeeeeeeeee

copada u notita...cmo siempre...escribis muy bien ...jaaja chamuyoooo

sos un capo roquesin!!!

me hablaron muy biend e vos...jojo ya sabes quien?¿

besote querido, espero que nos veamos algun dia...

cuidateeeeeee

Jecica Carabajal

Anónimo dijo...

Pensar, sentir.. ¡no decir! o pensar, sentir.. y dejar de vivir?
¿Cómo no disfrutar tamaña fiesta? por aquello que sentía y no podía expresar. él, que sólo pensaba y nada decía.
Para colmo, la fiesta azul y oro, de la cual siempre quiso ser partícipe, estaba a pleno. “taaan cerca, pero taaan lejos”.
Pero no quería, ni quiere, que otra vuelta le pase lo mismo. Porque estar fingiendo algo que no se siente es un bajón.
Es lo q me pregunto.. ¿POR QUÈ?