viernes, 6 de marzo de 2009

La bandera no se mancha


La PC ya estaba apagada, pero tuve que volver a encenderla. Son las 1.52 y estoy acá, tratando de explicarles un sentimiento hermoso que me invadió mientras veía la tele y que se llama "ser argentino".

En "Gol de medianoche" -un programa de TyC Sports- estuvo El Más Grande: Diego Armando Maradona. Podrá ser discutido, odiado, difamado, etc., etc., etc., pero lo que jamás se le podrá discutir es su amor por nuestros colores.

En la despedida de la entrevista, quedé inconscientemente perdido en la pantalla chica. Las palabras del Diez me hicieron dar el mismo escalofríos que cualquier argentino siente al escuchar a Víctor Hugo Morales, en el tremendo golazo a los ingleses.

"No hay argentino que no quiere que le vaya bien a la Selección", dijo Diego. Y no, equivocado no está. Si cuando se acerca el mundial, los no sé cuantos de millones nos hacemos uno. Nos saludamos en las calles, reímos con complicidad cuando vemos algo Celeste y Blanco, gritamos el afamado "vamos, vamos, Argentina" por doquier, y quién sabe cuántas otras "locuras mundialísticas"... Y así, miles de ejemplos que no hacen sentir el cosquilleo hermoso de "ser argentino".

Hoy, Viernes 6 de Marzo, me voy a dormir con una sensación increíble que, ojalá, pudiéramos tener a diario para sacar este país adelante. Esa sensación que se llama "ser argentino" y que Maradona sabe transmitir muy bien.

El fútbol, porqué no, podría ser un buen pretexto para unirnos y, aunque estemos en desacuerdo con el Diez en muchas cosas, creo -y esto es una simple apreciación personal- que deberíamos imitar un poco su amor por nuestra bandera; ésa que él defendió hasta sobre un tobillo.

No soy un "maradoniano" enfermo, pero sí tengo que reconocer que sus palabras sobre nuestro bendito país son música para mis oídos.

¡La bandera no se mancha! ¡Vamos Argentina!

miércoles, 4 de marzo de 2009

El mejor amigo del hombre

"Pobre perro". ¿Quién no lo habrá dicho, no? Ese cuadrúpedo, casi siempre con una mirada tierna, supo ganarse, con el paso del tiempo, el cariño de su amo.

Salir a correr pese a la fiaca, acompañarlo en cada siesta y mirarlo comer con la lengua larga afuera, son algunas de las pruebas que tuvo que pasar la raza canina para recibir del hombre el tilde de: "mejor amigo".

A diario se dicen muchas cosas de ellos. Los halagos por su eterna fidelidad son muchos y de diversa índole, pero me pregunto: "¿el hombre corresponde esa fidelidad?".

Si me apurás, te diría que no. ¿Por qué? Una sola palabra voy a usar para argumentar mi respuesta: "celular".

¿O me vas a negar que más de una vez pasaste horas jugando con el "boom" de los mensajitos? ¿O a caso nunca te fuiste a dormir con "la nueva pantalla chica" bajo la almohada? ¿En cuántas ocasiones te volviste a tu casa porque te lo olvidaste sobre la mesita de luz? Tanto nos preocupa este aparatito que casi lo sentimos como una extensión de nuestras manos.

¿Te acordás cuando te quedaste sin batería y tirarste mil puteadas al aire por no haberlo cargado? ¿Te pusiste a contar la cantidad de celulares a los que trastaste como "amigos"? Algunos de nombre Nokia, otros llamados Motorola, o algún que otro Sony Ericcson...

"Pobre perro". Pese a no necesitar ser reabastecido de energía, se quedó solo. "Pobre perro". Él siempre fiel a su ÚNICO amo, tuvo que ver cómo nos divertimos con una viborita insaciable que no deja de comer.

"Pobre perro". Pese a eso, sigue ahí, mirándote mientras vos te cagás de risa de los "ladridos" del celular que suenan con la canción que vos quieras. Pese a eso, sigue ahí, sentado, esperando por una caricia. De esas que un celular no sabe ni siente. Ni hablar de los lengüetazos babosos que te hicieron dar ese "asquito lindo".

Pese a todo esto, el "pobre perro" sigue ahí. Calmo, sereno, incansable optimista de amistad.

Ahora pregunto: ¿quién es el mejor amigo del hombre?

Yo ya me decidí: