miércoles, 2 de septiembre de 2009

Los pasados héroes Xeneizes, en Boca del presente


Parece ser que los éxitos en la entidad de La Ribera no son tales si no hay algún histórico de aquel plantel del año 2000, en el que el Boca de Bianchi se quedó con todo. Casi una década después, los Xeneizes desafían a la naturaleza y recurren a sus viejas glorias para sumar más estrellas en su escudo. ¿Se mantendrá la racha ganadora?

Oscar Córdoba; Hugo Ibarra, Jorge Bermúdez, Walter Samuel (o Aníbal Matellán) y Rodolfo Arruabarrena; Sebastián Battaglia (alternaba con Diego Cagna, hoy DT de Tigre), Mauricio Serna, José Basualdo y Juan Román Riquelme; Guillermo Barros Schelotto y Martín Palermo. Esta era la inviolable formación que Carlos Bianchi puso en la historia del fútbol argentino, sudamericano y mundial.

Eran aquellos tiempos en los que las vueltas olímpicas eran una costumbre en el barrio de La Boca y que, cimentadas en estos nombres, recorrieron el mundo entero, desde la mismísima Bombonera, hasta el Estadio Nacional de Tokio (Japón), donde el gigante Real Madrid se desmoronó ante el Virreynato de Bianchi y compañía.

La formación salía de memoria. Pero, algún día, aquella columna vertebral, íntegramente formada por nombres colombianos (Córdoba, Bermúdez y Serna), tuvo que descender del barco. Así, Boca perdía tres nombres claves en su esquema, aunque siguió festejando.
Arruabarrena se subió a un "submarino amarillo", de nombre "Villareal", destino que imitaron Cagna, Palermo y Riquelme, aunque los últimos tres pegaron la vuelta. En tanto, Battaglia y el Negro Ibarra también partieron al viejo continente con hambre de triunfo, pero las cosas del fútbol los trajeron de vuelta a un "Boca renovado" en el que la juventud y la experiencia se mixarían para soñar con más vueltas, copas y estrellas.

Así, con sus regresos ya consumados, Ibarra, Battaglia, Riquelme y Palermo, más el incansable Pato Abbondanzieri (arquero suplente del Boca versión 2000), encararon la difícil misión de reeditar aquellas conquistas en las que ya habían escrito su nombre con tinta de oro

Y lo lograron. Copas Sudamericanas, Recopas y uno que otro torneo local se sumaron a las vitrinas Xeneizes. Y, claro está, con el 50% de los mismos nombres.

Tras leer esta pequeña reseña histórica, la pregunta que surge es: ¿Los pasados héroes Xeneizes son irremplazables en la búsqueda de nuevos pergaminos? ¿Son Interminables? ¿O acaso la cantera de La Boca aún no está preparada para suplantarlos?

Las respuestas a estos interrogantes las otorgará el tiempo que, empecinado en su tesudez, por ahora no quiere dar el brazo a torcer y sólo acepta a los Ibarras, a los Palermos, a los Riquelmes y a los Battaglias, como capitanes de barcos inundados de sed de gloria.

Está demostrado. Si no hay un histórico, en Boca no hay campeonato que no valga. En algún momento, tal como le ocurrió a aquella "columna vertebral colombiana", el tiempo dirá que los viejos han quedado en el pasado y que los nuevos serán los actores principales de una película que, necesariamente y por historia, requerirá de más trofeos levantados.

A no dormirse Boca, porque el reloj apremia y, con él, los años desgastan los huesos de los héroes del pasado que por ahora, y sólo por ahora, están en Boca del presente.